Aurélien Guiho
El código QR, por su diseño particular, adopta las formas abstractas de las obras contemporáneas, que a menudo son el resultado de un cuestionamiento de los códigos establecidos. Se convierte en la representación visual de esta reflexión artística.
Este símbolo informático presenta ante todo un interés estético en sí mismo, pero también constituye un soporte ideal para la reflexión filosófica, por ejemplo en torno a la cuestión de los límites de la obra. Al brindar la posibilidad de transmitir un mensaje polimorfo y conceptual, más allá de la apariencia visual e inmediata de la creación, el código QR abre el camino a todo tipo de experimentación creativa.
Así, su interés artístico es ilimitado y ofrece un medio muy interesante para crear una interacción con el público, en una época en la que todos y todas tenemos un iPhone o un teléfono inteligente capaz de escanearlo.
Herramienta digital para la reflexión, medio para involucrar a los espectadores y espectadoras en el proceso artístico, o incluso para apropiarse de la obra mediante el uso del teléfono. El código QR tiene la capacidad de crear un nuevo lenguaje y abrir nuevas fronteras entre el arte y lo digital. ¿Será un nuevo símbolo artístico que marcará el arte del siglo XXI?
En mi trabajo, el mensaje que se propone es superar el carácter inmediato e instintivo de las obras de arte, que se deriva de la esencia del código QR, para ofrecer un significado más allá de la distribución de sus píxeles en el espacio. Una posibilidad de escritura artística específica.
Fue el diseño de los códigos QR lo que me inspiró al principio; me gustó el grafismo de la forma: había en él algo casi constructivista, una racionalización del cuadro, una visión polimórfica del arte.